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  04 de Octubre San Francisco de Asis: PAZ Y BIEN Nos educamos para la paz en la medida en que conocemos y aceptamos los valores de los demá...

 04 de Octubre San Francisco de Asis: PAZ Y BIEN

Nos educamos para la paz en la medida en que conocemos y aceptamos los valores de los demás.
San Buenaventura nos relata que Francisco, movido por el Espíritu divino, comenzó a desear vivir la perfección evangélica y a invitar a los demás a que se convirtiesen, usando para ello palabras penetrantes y llenas de virtud celestial. «Al comienzo de todas sus predicaciones saludaba al pueblo, anunciándole la paz con estas palabras: «¡El Señor os dé la paz!».
Tal saludo lo aprendió por revelación divina, como él mismo lo confesó más tarde. De ahí que, según la palabra profética (Is 52,7) y movido en su persona del espíritu de los profetas, anunciaba la paz, predicaba la salvación y con saludables exhortaciones reconciliaba en una paz verdadera a quienes, siendo contrarios a Cristo, habían vivido antes lejos de la salvación» (LM 3,2).
También le fue revelado el saludo que habían de emplear los hermanos, como hizo escribir en su Testamento: «El Señor me reveló que debiera decir al saludar: El Señor te dé la paz» (Test 23).
En los orígenes de la Religión, yendo de camino, saludaba a todos, hombres y mujeres y a los trabajadores del campo, diciendo: «El Señor os dé la paz». Como no habían oído nunca que otros religiosos saludaran así, les extrañaba muchísimo. Y algunos, malhumorados, replicaban: ¿Qué intentáis decirnos con este saludo?. De modo que su compañero comenzó a avergonzarse y pidió así al bienaventurado Francisco: Permíteme que salude de otra manera.
El bienaventurado Francisco lo animó diciendo: Déjales que digan lo que quieran, porque no perciben las cosas de Dios. Pero tú no te encojas de ánimo, porque habrá muchos nobles y principales de este mundo que por este saludo te mostrarán, a ti y a los hermanos, reverencia (EP 26).
Los Tres Compañeros añaden un detalle interesante al unir paz y bien: Como más tarde Francisco mismo atestiguó (Test 23), había aprendido, por revelación divina, este saludo: «¡El Señor te dé la paz!».
Por eso, en toda predicación suya iniciaba sus palabras con el saludo que anuncia la paz. Y es de admirar que antes de su conversión había tenido un precursor, que para anunciar la paz solía ir con frecuencia por Asís saludando de esta forma: ¡Paz y bien, paz y bien! Dotado de improviso el varón de Dios del espíritu de los profetas, en cuanto desapareció su heraldo, comenzó a anunciar la paz, a predicar la salvación; y muchos que habían permanecido enemistados con Cristo y alejados del camino de la salvación, se unían en verdadera alianza de paz por sus exhortaciones» (TC 26).
En el corazón del hombre la pérdida de la paz se da por una pena que no se ha sabido enfrentar y resolver, por el rencor, por el odio, por el deseo de venganza, por la angustia que ocasiona el no haber cumplido con nuestro deber, por los remordimientos de conciencia.
La paz nace de una actitud interior, la paz se inicia en el corazón de cada persona y es consecuencia de sus buenas acciones.
Los católicos tenemos también el recurso de acudir a Dios y pedirle la paz que es un fruto de los dones del Espíritu Santo.
Montserrat Toribio López/ECMC-MTL Radio/Noticias/México



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