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  La Virgen del Carmen es una de las advocaciones marianas más conocidas y veneradas en la historia de la Iglesia católica, que celebra su f...

 La Virgen del Carmen es una de las advocaciones marianas más conocidas y veneradas en la historia de la Iglesia católica, que celebra su fiesta litúrgica el 16 de julio.

Su historia da inicio en Israel, concretamente en el Monte Carmelo, que tiene unos 600 metros de alto y está cerca de Haifa. Su etimología proviene de Karm-El que significa Jardín o Viña de Dios. Este lugar aparece citado en la Biblia, en el Primer libro de los Reyes (18:19). El profeta Elías vivía en una gruta del Monte Carmelo. Allí fue donde demostró el poder del Señor frente a los sacerdotes de Baal, cuyo holocausto rechazó Dios.
Inspirados por el profeta Elías, un grupo de ermitaños se fue a vivir al Monte Carmelo. Hacia el año 1200 formaron la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
El 16 de julio de 1251, la Virgen del Carmen se le apareció al sexto Superior General de la Orden, san Simón Stock, a quien le entregó el escapulario, uno de los signos más distintivos de esta orden religiosa. Cuando la Virgen María se apareció al superior de la Orden Carmelitana, San Simón Stock, le dio las reglas de su Orden.
Según la tradición, le entregó al santo un escapulario de color café con el escudo de la Orden con ello, le dejó una promesa. La segunda se la dio al Papa Juan XXIII. Ambas promesas de la Virgen del Carmen son para quienes fallecen llevando el santo escapulario.
Primera promesa
Tiene que ver con el privilegio de preservación o exención del infierno. La Virgen María le prometió a san Simón Stock, que cuantos murieran revestidos de él no se condenarían.
Las palabras de la Virgen fueron éstas: “El que muriere con el escapulario no padecerá el fuego del infierno”.
Segunda promesa
Mientras el Papa Juan XXIII oraba, se le apareció la Virgen, vestida del hábito carmelitano, y le prometió que sacaría del purgatorio, el sábado después de la muerte a aquel que muriera con el escapulario. A esto se le llama el “privilegio sabatino”.
Sus palabras fueron estas: “Yo, Madre de misericordia, libraré del purgatorio y llevaré al cielo, el sábado después de la muerte, a cuantos mueran vistiendo mi escapulario”.
Llevar el escapulario de la Virgen del Carmen es un compromiso de vivir en oración, en mortificación y en obras buenas. El escapulario del Carmen debe ser impuesto por un sacerdote a los que acepten santificarse en el amor e imitación de María y en la recepción frecuente de la Eucaristía.
En 1499 empezaron a surgir las primeras comunidades femeninas conocidas como Carmelitas. Entre ellas destacan santas de la talla de Santa Teresa de Ávila, reformadora de la Orden Carmelita.
La Virgen del Carmen también es llamada Estrella del Mar por lo que es patrona de los marineros, en parte por la cercanía del Monte Carmelo con el Mar Mediterráneo. Es un referente para las embarcaciones que les anuncia un puerto seguro.
Ahora que conoces las promesas de la Virgen del Carmen, recuerda siempre llevar contigo tu escapulario.
MONTSERRAT TORIBIO LÓPEZ/ECMC-MTL RADIO/NOTICIAS/MÉXICO

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